El éxito: condición suficiente

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En el anterior artículo hablábamos de la importancia de tomar a la madre. En este hablaremos de la importancia de tomar al padre y del propósito de la vida.

Si se ha tomado a la madre y se ha superado el movimiento interrumpido, la siguiente fase es tomar al padre. La figura del padre en equilibrio significa salud mental, relaciones sociales, trabajo, apertura al mundo, realización profesional, las leyes. El ejercicio de tomar al padre lleva al equilibrio en todos estos aspectos, fuese como fuese el padre en su origen.

Si una persona ha tomado al padre y a la madre, el siguiente paso consiste en encontrar su propósito de vida. La mayoría de las personas escogen sus trabajos en función de un criterio de carencia: “donde me pagan mejor, que es lo que mejor se hacer, etc”, en vez de decidir en función de lo que realmente quieren hacer, de lo que realmente es su pasión, de aquello que les motiva profundamente. La carencia global nos nubla y nos hace tomar decisiones erróneas que nos llevan a lo contrario de nuestra realización, lo que suele llevarnos el envejecimiento, a la perdida de energía y a la enfermedad.

Cuando una persona conecta con lo que realmente quiere hacer desde dentro, la consecuencia es una desbordante alegría, superación fluida de obstáculos y éxito. Todo se pone de cara. Yo trabajé durante tres años con una persona que comenzaba casi todas las sesiones diciéndome que quería ganar más dinero, y durante la sesión siempre salía un viejo dolor que se resistía a desaparecer. Cuando finalmente se superó ese dolor que tenía que ver con el movimiento interrumpido y otras cosas, la persona acabó dedicándose a actividades artísticas y siendo muy feliz. Finalmente no ganó el dinero que se había propuesto en un principio, pero consiguió realmente su objetivo.

El propósito de vida nace con las vivencias de la concepción, nacimiento y primera infancia. Estas vivencias marcan para siempre nuestra vida y esconden, paradójicamente, debajo de ellas el propósito de nuestra vida. Es evidente que

los traumas de estas primeras épocas marcan necesariamente nuestra infancia y primera juventud. Las vivencias pueden ser difíciles y complicadas y, en cualquier caso, aparentemente inevitables. Sin embargo en ellas se encuentra el germen de lo que realmente queremos hacer. Cuantos niños abandonados, se han dedicado después a cuidar niños y de esta manera han sanado en parte su vida. O sin ser tan lineal, cuantos terapeutas, han sanado primero sus heridas, para luego poder ayudar a los demás. Todo está relacionado.

La clave para sanar las heridas de cada uno es la profunda aceptación y el agradecimiento. Desde ahí uno puede dar los siguientes pasos, desde ahí el horizonte se amplia y se vuelve más luminoso. Si uno se queda en la queja y en el rencor, los traumas se amplían, y eso nada tiene que ver con nuestro propósito. Este solo puede ser, camino, cambio, aceptación y vida, y desde ahí siempre aparece el siguiente paso. Desde ahí, el camino se vuelve certeza y los encuentros se llenan de contenido. Puede haber problemas pero no son el centro, puede haber dolores pero son transitorios, puede haber dudas, pero prevalecen las certezas, puede haber miedos, pero prevalece la confianza. Y sobre todo sabes que estás subido en la ola de la vida y te sientes protegido.

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